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Día 8: de Villafranca del Bierzo a Triacastela

No puedo negar que pasé mala noche, algo asustado y con pensamientos muy negativos. Temía amanecer enfermo, con fiebre o malestar. Y sí, llegué a plantearme seriamente abandonar, interrumpir el Camino y retomarlo más adelante en mejores condiciones.

Por la mañana seguía lloviendo. Miré la ropa y estaba prácticamente seca pero olvidé meter unas hojas de periódico o algo así en las zapatillas de bici, que seguían encharcadas. Pero afortunadamente me encontraba físicamente muy bien y los pensamientos negativos de la noche parecían empezar a desvanecerse.

Bajé a desayunar y resultó que el grupo de Seattle se alojaba en mi mismo hotel. Nos reconocimos mutuamente e intercambiamos unos saludos. Apenas tomé un café y un donuts de chocolate, preparé la bici y me puse marcha. Al principio sin chubasquero pero tuve que parar casi inmediatamente a ponérmelo.

A Santiago, 187 km

A Santiago, 187 km

Hoy era un día importante, el paso de O Cebreiro. A sabiendas de que era una subida dura, había planificado una etapa corta, apenas 53 km aunque el desnivel es de 1300 m; y es que, además del temido O Cebreiro, se ascendían también los altos de San Roque y Poio (que resultaron mucho menos de lo que esperaba) antes de llegar al destino en Triacastela:

Track de la etapa 8

Track de la etapa 8

Perfil de la etapa 8

Perfil de la etapa 8

La primera parte de la etapa discurre pegada a la vieja N-VI pero físicamente separada por una estrecha barrera de hormigón. Esto hace que caminantes y ciclistas tengamos que compartir la estrecha senda. En estos casos los ciclistas debemos mostrar un respeto exquisito con los peregrinos a pie teniendo presente que ellos tienen siempre prioridad sobre las bicicletas. En este sentido, el timbre de la bicicleta es una herramienta totalmente imprescindible para avisar de nuestra cercanía; hay que hacerlo sonar con tiempo, esperar a que se aperciban y nos faciliten el paso -lo que no es siempre tan sencillo, sobre todo en los que tienen la extraña costumbre de caminar con los auriculares puestos-. Las reacciones de los peregrinos son muy diferentes y, a veces, de lo más curioso; daría para una tesis doctoral.

Sin darme cuenta, todos los malos pensamientos, miedos y preocupaciones han desaparecido; a pesar de las zapatillas mojadas, la fina lluvia al principio de la etapa, las malas previsiones meteorológicas para el resto del día… estoy animado y de buen humor.

Llegando a Pereje se cruza la carretera, cosa que ocurrirá un par de veces más camino de Trabadelo. Por esa parte el camino pasa en ocasiones bajo espesos bosques (¿de castaños? No estoy seguro) que llegan o ocultar el cielo con sus ramas. Es precioso.

Pasamos por pequeños pueblos (La Portela de Valcarce, Ambasmestas) y, llegando a Vega de Valcarce, a unos 16 kilómetros del inicio de la etapa, hago la primera “parada de café” al que añado un solitario plátano que quedaba en la barra.

Llegados a este punto hay que aclarar que hay al menos tres formas de subir a O Cebreiro:

  1. Aproximadamente 1 km después de pasar el barrio del Hospital de Las Herrerías hay una bifurcación pintada en el suelo. A la izquierda se toma el camino tradicional a pie que, según creo, es difícilmente ciclable; estrecho, pedregoso y, con las lluvias caídas, seguramente embarrado. Si en condiciones normales requeriría empujar mucho la bici, con mi gravel y la lluvia mucho más.
  2. Tomando la variante de la derecha (que supone continuar por la carretera CV-125/1 por la que circulábamos) se llega por asfalto hasta O Cebreiro.
  3. Teóricamente por la N-VI, quizá algo más largo pero con pendientes menos pronunciadas. A día de hoy, esto no es posible porque la A-6 está cortada por el derrumbe de un viaducto y el tráfico desviado por la nacional. Al menos esta es la que yo creo que es la causa de la prohibición de circular bicicletas.

Visto lo cual no había que pensar mucho para saber que la ruta elegida sería la 2, que trataré de explicar paso a paso en imágenes.

Aproximadamente 20 km tras salir de Villafranca entraremos en Las Herrerías.

Entrada en Las Herrerías

Entrada en Las Herrerías

Poco después de la señal veremos una bifurcación con indicaciones del Camino tanto para peregrinos andando como en bici y tomaremos la carretera de la izquierda:

Desvío en Las Herrerías

Desvío en Las Herrerías

Seguimos por la pequeña localidad berciana. A la salida veremos un desvío a la izquierda hacia el barrio de San Julián (que ignoraremos) y continuamos hasta el barrio del Hospital, posiblemente más antiguo que Las Herrerías y que debe su nombre a un antiguo hospital inglés de peregrinos ya citado en el S. XII. A la salida, nada más pasar un pequeño puente, la cosa se pone seria como atestiguan los tremendos chepazos de los ciclistas que llevaba por delante:

Me dolía verles con esas bicis y esa carga. Tras un primer kilómetro con duras rampas llegamos a otra bifurcación. Aquí es donde caminantes y ciclistas se separan:

Poco después uno de los ciclistas reventó y se paró a comer una barrita de chocolate mientras se quejaba de la dureza del puerto y del excesivo peso. El otro le esperaba un poco más adelante; me preguntó por su compañero y le dije que estaba parado reponiendo fuerzas. Las banderolas que portaban en las bicis dejaban claro que eran de Flandes. Una vez les dejé atrás ya no les volví a ver.

A unos 500 metros hay un nuevo desvío y la carretera se dirige hacia La Faba (donde se podría enlazar con el camino pedestre) o La Laguna, que es el que tomaremos enlazando dos curvas de herradura. Esta es la peor parte; vienen dos kilómetros al 11% de media pero, tras la primera curva, la pendiente se va al 16% que, con la carga de la bici, se hace realmente duro. Sin embargo, la exuberante (que acabo de comprobar en la RAE que se escribe así y no exhuberante, ¡toda la vida escribiéndolo mal!) belleza del paisaje (a pesar de la niebla y la fina lluvia) hacía olvidar el dolor de patas.

En las cercanías de La Laguna, el último pueblo leonés, la pendiente suaviza y nos da un respiro pero enseguida llegan otros dos kilómetros duros. Con la espesa niebla no soy consciente de que estoy coronando, ya en Galicia:

Coronando O Cebreiro

Coronando O Cebreiro

Y poco después me encuentro sin darme cuenta en O Cebreiro:

Palloza

Palloza

Paro a sellar en un bar y me encuentro a mis amigos de Seattle. El tipo estrafalario, con su bigotazo a la antigua, va con chanclas. Asombrado, se las señalo entre risas y su razonamiento es que mis pies están igual de mojados que los suyos, así que no ve el problema. Bueno, quizás no le falta razón 😄

Definitivamente las cosas habían cambiado mucho en apenas 12 horas. La noche pasada estaba preocupado, casi asustado por la lluvia; hoy, tras 30 kilómetros pasados por agua, estaba feliz y contento. Es más, había disfrutado enormemente el día y, en particular, la dura ascensión del Cebreiro. Aún me quedaba casi media etapa por delante así que me despedí de los estadounidenses y reemprendí la marcha.

Tras un tramo en tendencia descendente inicio el ascenso a San Roque que no era más que una corta rampa de suave pendiente. Obviamente, paré a hacer la foto en el monumento al peregrino:

Alto de San Roque

Alto de San Roque

Un falso llano me acerca a la última (que acabaría siendo “penúltima”) dificultad montañosa, el alto de Poio. Cerca de coronar, ya casi en Padornelo, vi a un ciclista abstraído, haciendo fotos en un apartadero de espaldas a la carretera. Por no importunar, no saludé. Pasé de largo y a los pocos segundos oí una voz:

  • “Hi, Luis!” — “Hey, my friend from Dax!” contesté al reconocerle.

Se trataba de Sam (Samir), el alemán de origen bosnio con el que estuve charlando durante el desayuno en Sahagún porque estaba muy intrigado por cómo gestionaba el tema del agua en mi bicicleta. Claro, le tuve que contar la historia de la pérdida del bidón grande aunque, con el cambio de tiempo, ya no me hacía falta cargar con tanta (o, según él, tan poca) agua.

Coronamos juntos y convinimos en que solo quedaba un sencillo descenso hasta Triacastela, mi destino. Sam no tenía nada planificado (lo que yo, a estas alturas del viaje, empezaba a envidiar) así que se ofreció a acompañarme y tal vez hacer noche en el mismo pueblo.

Y entonces la volví a liar. No sé si fue el Garmin tratando de evitar la LU-633 por la que circulábamos, si fui yo al ver un cartel de la Eurovelo 3… el caso es que giré a la izquierda por una estrecha carreterita que nos regaló 3 km de descenso vertiginoso. Ni que decir tiene que esto suele suponer otros tantos de duro ascenso y más o menos así fue. En mi descargo he de decir que el recorrido era mucho más bonito que el de la nacional y que pasamos por un sitio cuyo nombre diría que mejora a los topónimos castellanos:

Val de Fariña (foto de Google). A quién se le ocure…

Val de Fariña (foto de Google). A quién se le ocure…

La pequeña y preciosa carretera nos lleva hacia Queixadoiro y finalmente nos deja de nuevo en la LU-633 que ya tomamos en rápido descenso (en al caso de Sam rapidísimo descenso, ¡cómo bajaba el tío!) hasta Triacastela. A la entrada veo parados a los siatelitas que me saludan a gritos entre risas. Ya no nos volveríamos a cruzar.

Buscamos mi alojamiento (A Casa de Pepe) y estaba completo por lo que Sam decidió continuar viaje; intercambiamos teléfonos y acordamos vernos en Santiago un par de días después. Los 53 km, pese a ser muy intensos, me habían sabido a poco y de muy buen grado hubiera pedaleado una horas más.

No sé si clasificar mi alojamiento como pensión, casa rural, habitación… pero era un lujo. Una habitación enorme, con una cama enorme y un baño enorme. Me sobraba habitación por todas partes. Aparqué la bici en el garaje de la casa, me pegué una ducha, dejé la ropa para lavar y me fui a comer algo; un bocata de lacón con cocacola tan exquisito que tuve que cambiar el refresco por un mencía del Bierzo. Gloria bendita. El sitio (Complejo Xacobeo) me gustó tanto que decidí volver a cenar.

Exquisito bocata de lacón, pero…

Exquisito bocata de lacón, pero…

…¡mucho mejor así!

…¡mucho mejor así!

Triacastela es un pueblo pequeño y, como acabé pronto, me dio tiempo a recorrerlo de cabo a rabo: su vieja herrería, el palomar de curiosa construcción circular, la iglesia, el cementerio (tan presente en tierras gallegas), el antiguo hospital de peregrinos (hoy viviendas)…

Con el paseo hice hambre y volví al complejo Xacobeo a cenar un menú. El caldo gallego era una delicia:

Caldo gallego

Caldo gallego

Como de costumbre, me fui a dormir pronto. Todos los fantasmas habían desaparecido. Bueno, todos no. Aparecía uno nuevo: solo quedaban dos días de viaje…

¡Buen Camino!

Video de la etapa


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