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Los preparativos

La bicicleta

Desde hace años me gusta el ciclismo y lo practico con cierta frecuencia, especialmente el ciclismo de carretera. La MTB no me atrae tanto por distintas razones; pero siempre pensé que una combinación de ambas variedades sería muy interesante, especialmente en La Rioja, donde vivo.

Y entonces llegaron dos cosas: la moda del gravel y la dificultad para comprar una bicicleta.

Tras un par de años buscando tuve la suerte de encontrar una gravel que se aproximaba mucho a lo que yo quería, una Megamo Jakar. Con ella me habitué y le cogí gusto a rodar en solitario durante horas. Y, claro, en esas horas le das vueltas a la cabeza y piensas “¿y si…?”

La bici ideal para el Camino de Santiago

¿Qué bicicleta usar para el Camino? En realidad, cualquiera sirve, la que tengas es la buena. Pero con matices.

Evidentemente se puede hacer la ruta jacobea con una bici de carretera; hay tramos que no son ciclables y que obligarán, en el caso peor, a arrastrarla durante kilómetros. O siempre cabe la posibilidad de dar un rodeo para circular por las maravillosas carreteras secundarias que disfrutamos en España.

La bici de montaña suele considerarse ideal. Es la que permitirá seguir más fielmente el camino tradicional, aunque siempre habrá tramos (como parte de la famosa subida de O Cebreiro) no recomendables.

La gravel es un excelente compromiso entre ambas. Para mí es infinitamente más cómoda que la MTB, me siento mucho más a gusto. Tanto es así que me deshice de mi bici de montaña cuando adquirí la gravel, que será la bici elegida. A decir verdad, para el Camino Francés no me va a añadir mucha dificultad ni me va a impedir pedalear por sitios donde lo haría con una MTB. De hecho, estoy convencido de que en los pocos puntos donde no tuve más remedio que echar pie a tierra y arrastrar la bici me habría pasado exactamente lo mismo con una de montaña.

A cambio, rodaré mucho más cómodo y ligero por los largos tramos llanos, especialmente en la meseta castellana. Esto, claro está, no tiene por qué ser así para todo el mundo.

La carga

Esto lo explicaré con detalle en otro post pero la idea es ir lo más cómodo y ligero posible. Vi mucha gente arrastrando su bici por largas subidas (o por otras cortas pero con fuertes pendientes) con cargas de casi 25 kg, lo que me parece una exageración.

Bicicleta con las tradicionales alforjas

Bicicleta con las tradicionales alforjas

Por otra parte, hay una moda muy extendida hoy en día y es contratar servicios que llevan la carga desde el inicio al destino de cada etapa. Esto ocurre tanto con caminantes (un nada desdeñable porcentaje caminaba con pequeñas mochilas con lo justo para pasar el día) como con bicigrinos. Esto, para mí, desvirtúa un poco el carácter del Camino pero cada cual es muy libre de hacerlo como le dé la gana.

En cualquier caso yo prefería cargar con todo en la bici pero, en lugar de las clásicas alformas, elegí la modalidad bikepacking, con bolsas más pequeñas repartidas por la estructura de la bici, más comodas y ligeras y que afectan menos a su comportamiento aunque, a cambio, exigen ser mucho más minimalista.

Las fechas y la duración del viaje

¿Cuándo hacer el Camino? Julio y agosto, con sus ventajas e inconvenientes, son los meses de mayor afluencia de peregrinos. En mi caso no tenía mucho margen de elección ya que tenía una semana de vacaciones en septiembre -que podía adelantar o retrasar un poco-.

Septiembre es una fecha estupenda; los días son largos, el tiempo aún razonablemente benigno (sin la canícula que hemos sufrido este año y antes de que empiecen el frío y las lluvias)… La afluencia de peregrinos es aún grande pero no tanto como en los meses de “temporada alta”.

El caso es que una semana, con sus fines de semana adyacentes, me parecía poco tiempo. Ocho días para los aproximadamento 800 km del Camino Francés era una media alta y, aunque estoy más o menos habituado a recorrer esa distancia, nunca lo he hecho durante tantos días seguidos y mucho menos con la bici cargada.

Así que me planteé dividirlo en dos partes:

  • Una primera parte desde Roncesvalles a Logroño en un fin de semana
  • El resto, en la semana de vacaciones disponible

Ese primer fin de semana me serviría además como test para comprobar que todo iba como yo esperaba, en especial en lo concerniente al equipaje.

Serían pues diez etapas que darían una media de 80 km diarios, algo más o menos razonable para mí y que, una vez terminado el camino, resultó ser una buena decisión.

La logística: cómo ir… y cómo volver

Llegar a Roncesvalles (o, en su caso, a Saint-Jean-Pied-de-Port) no es tan sencillo si llevas bicicleta. Quizá lo más fácil sea enviarla por Correos (que tiene un servicio pensado especialmente para el Camino) pero no hay oficina en Roncesvalles. La bici llega a Burguete, 3 km al sur. A decir verdad tampoco es tanto problema; pero la oficina solo abre de lunes a viernes, lo que sí puede ser una dificultad.

Como alternativa está el autobús de Artieda que sale de Pamplona y que puede transportar la bici por un módico precio, pero los horarios no me encajaban.

Desde Pamplona también se puede llegar en taxi. Más fácil pero bastante más caro.

En mi caso, tuve la suerte de que un compañero de trabajo se ofreciera a llevarme lo que tuvo dos consecuencias:

  • Evidentemente, facilitaba muchísimo las cosas
  • Por otra parte, las precipitaba sin remedio, lo cual fue casi aún más de agradecer que lo anterior 😃

El regreso

Esto dependerá enormemente del destino pero en mi caso estuve evaluando distintas opciones:

  • Coche de alquiler: descartado rápidamente por una cuestión fundamental: el precio
  • Tren: no había disponibilidad en las fechas en que yo viajaba
  • Autobús: esta fue la elegida. El ALSA me llevaba en tan solo diez horitas de regreso a casa. Un chollo.

¿Y la bici? El ALSA admite bicicletas por un suplemento razonable, pero tienen que estar embaladas y parcialmente desmontadas. Quizá hubiera elegido esa opción pero tenía dos inconvenientes:

  • Por una parte, tenía que hacer un cambio de autobús en la vuelta. Esto resultó ser un malentendido, pero bueno.
  • Además llegaba hacia las 2:00AM y no tenía ganas de verme en plena noche con una bici envuelta en plásticos y rodeado de bolsas, tras 10 horas metido a presión en un autobús

Visto ahora, creo que no era tan mala idea; pero decidí ir a lo fácil y utilizar el servicio de Correos para el regreso. Desde luego, resultó sencillísimo aunque quizá un poco caro (casi 50 pavos).

¡Buen Camino!


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